LA UNICA

LA UNICA

Hay una situación que se da en algunas partidas de ajedrez, normalmente entre jugadores arriesgados, creativos, que practican aperturas y defensas violentas, en las que la posición es tan abierta, tan dinámica, que cualquiera de los dos jugadores puede ganar.

Pero en ajedrez hay una ventaja que se llama “tiempo”: ganar un tiempo, perder un tiempo, recuperar un tiempo. Tiene esa ventaja el que en una posición determinada tiene derecho a mover primero. Y en ese momento, en esa situaciones de máxima tensión, el que tiene derecho a mover primero tiene varias jugadas que le pueden conducir a la victoria, con la particularidad de que sólo una le lleva a vencer con seguridad.

Esa jugada es la única que obliga al contrincante a responder con una sucesión de jugadas “obligadas” que le acercan irremisiblemente a la derrota. Tanto es así, que cuando el otro jugador ve que su rival ha acertado y elegido la “única”, normalmente inclina su rey y abandona. Pero si el ahora ganador hubiera elegido cualquier otra jugada, la situación hubiera cambiado drásticamente, habría devuelto el “tiempo” al adversario y hubiera sido éste quien habría podido ganar la partida.

A veces, esa primera y única jugada ganadora es un sacrificio de un peón. Otras veces de una pieza más importante. Cuánto más valor tiene la pieza sacrificada, más “bonita” es la jugada y más posibilidades tiene de quedar recogida en alguno de los miles de libros de ajedrez que ilustran el arte del sacrificio. Y entre todas, la más valorada, la más sorprendente, la más hermosa, la que todo jugador desea encontrar, es el sacrificio de dama.

Madrid, lunes, 23 de may de 2011

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