La reconciliación con nuestra historia.

La reconciliación con nuestra historia.

España tiene un problema de reconciliación, pero no sólo entre bandos ideológicos, que también, sino sobre todo con su historia.

No se puede luchar por un país, hacerlo crecer, amarlo, si no se está orgulloso de su historia. Y es difícil estar orgullos de la historia que a muchos les llega desde hace años: manipulada, falsa, destinada a corroer las bases de la identidad de España que es una de las naciones más influyentes de la historia y a la que se deben, por ejemplo, el primer parlamento: el del reino de León.

Todas las naciones han sido protagonistas de verdaderas salvajadas, genocidios incluidos. No se libra ni una, empezando por El Vaticano y acabado por EE.UU. Pero todo alemán se siente orgulloso de su país y de su bandera; que decir de Francia, Japón, el Reino Unido, Australia, Rusia y EE.UU. Si queremos mencionar los horrores en los que han participado no es difícil tirar de memoria. Alguno de los eurodiputados se acuerda de “El Corazón de las Tinieblas”, Joseph Conrad, brutal y cruel genocidio en el Congo del rey Leopoldo II de Bélgica, http://bit.ly/2R7pdbp cuando se sienta en el parlamento europeo en Bruselas?

Pero sólo los masoquistas españoles renegamos de nosotros mismos y nuestro pasado mostrando un pesimismo militante ante el futuro. La leyenda negra ha hecho bien su trabajo y los efectos perviven todavía después de siglos (“#Imperiofobia” de Elvira Roca es un libro imprescindible)

La falta de autoestima, la negación de los logros artísticos, científicos, militares, de nuestros antepasados, abigarrada mezcla de celtas, iberos, fenicios, griegos, romanos, cartagineses, árabes,…..nos hacen débiles ante la agresión interesada de los nacionalismos y los populismos que, incapaces de emular ninguna de las hazañas del pueblo español, acomplejados por su insignificancia y falta de valor, tienen como único objetivo la destrucción de aquello que no fueron, no son y nunca serán.

En que se parecen Sánchez o Zapatero a Trajano? O Delgado a Cicerón? O Puigdemont a Séneca? O Casado a Él Cid Campeador?

La sombra de cualquiera de esos hombres bastaría para barrer en segundos la mediocridad reinante.

O cambiamos el recuerdo de lo que fuimos y por lo tanto somos o el abismo de la insignificancia nos atrapara sin contemplaciones.

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