Manuel García, solo ante el peligro, esperando a los siete magníficos.

La mayoría de los adultos de mi quinta -1960 – nos hemos emocionado con westerns donde un héroe defendía a los habitantes de un pueblo de las fechorías, abusos y oprobios ejercidos por una minoría de malvados, liderada por su malvado jefe.

Banqueros acomodaticios, sherifs corruptos, propietarios del salón que preferían la paz injusta mientras pudieran seguir vendiendo whisky y las clásicas señoritas de alegre vida que sobrevivían como podían a la situación. Todos sempre mirando para otro lado. Todos viviendo de rodillas. Todos llenos de miedo.

Pero de vez en cuando hasta los humillados reaccionan. Los habitantes de Rose Creek, conscientes de su incapacidad para enfrentarse a los violentos armados, contrataron a otros violentos armados para romper su yugo. Y ”Los siete magníficos” cumplieron su trabajo liberando al pueblo.

Pero si hay una película en la que los sentimientos de miedo, honor, responsabilidad, cumplimiento del deber y valentía se aúnan para conformar el talante de un héroe, es sin duda “Solo ante el peligro”.

Will Kane (Gary Cooper), sheriff del Hadeyville, tiene que enfrentarse a la amenza de Frank Miler, un criminal al que atrapó tiempo atrás, que llegará en el tren del mediodía para vengarse. Los habitantes del pueblo, presas del miedo, siempre el miedo, le abandonan a su suerte. No desvelaré el final para no quitarle emoción a algún aficionado joven que no haya visto la película, absolutamente imprescindible.

Para Manuel García, Blanes es Hadeyville. Le amenazan, le boicotean, le agreden, ponen en riesgo el negocio en el que se ha dejado la piel y los sheriffs corruptos le han dejado solo. Solo ante el peligro. Y yo, mezclando los argumentos en mi ensoñación, imagino que una tarde aparecerán frente al Sol D’or, siete valientes que le plantarán cara al oprobio y harán temblar a los malvados. Siete que serán setenta y luego setecientos y luego siete mil y luego setenta mil y así hasta que la banda de infames opresores, falseadores de la historia, paranocios decerebrados, vivan el miedo de primera mano y se enfrenten de una vez por todas a la Justicia y a las consecuencias de sus actos.

Tratando de evitar un mal mayor se pueden acumular tantos males menores que acaben conformando un mal inconmensurable.

Gracias Manuel por tu valentía, Lo que nos preguntamos la mayoría de españoles sensatos en: ¿donde están los 7 magníficos?

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