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Tarradellas lo advirtió

Josep Tarradellas: carta al director de La Vanguardia, Horacio Sáenz Guerrero 16 de abril de 1981.

(Extracto. Mas abajo carta integra)

¨Mi querido amigo:

Para empezar, sepa que el 9 de mayo del año pasado, manifesté que se había roto una etapa que había comenzado con esplendor, confianza e ilusión el 24 de octubre de 1977, y que tenía el presentimiento de que iba a iniciarse otra que nos conduciría a la ruptura de los vínculos de comprensión, buen entendimiento y acuerdos constantes que durante mi mandato habían existido entre Cataluña y el Gobierno.

Todo nos llevaría a una situación que nos haría recordar otros tiempos muy tristes y desgraciados para nuestro país. En primer lugar, porque todo me hacía prever que las inmejorables y afectuosas relaciones que existían con las autoridades civiles y militares del Estado en Cataluña, que tanto y tanto me costó conseguir, de ahora en adelante se irían deteriorando y acabarían por ser tirantes, y comportarían situaciones muy difíciles para la aplicación del Estatuto. Después (…) era inevitable la ruptura de la unidad de nuestro pueblo. (…)

En conjunto, puede creerlo, todo me produce tristeza y una honda inquietud de cara al futuro (…) durante estos últimos diez meses todo ha sido bien orquestado para llegar a la ruptura de la política de unidad, de paz y de hermandad aceptada por todos los ciudadanos de Cataluña. El resultado es que, desgraciadamente, hoy podemos afirmar que debido a determinadas propagandas tendenciosas y al espíritu engañador que también late en ellas, volvemos a encontrarnos en una situación que me hace recordar otras actitudes deplorables del pasado. Siempre recordaré que el 6 de octubre del año 1934, a las 5 de la tarde, acompañado del diputado señor Juan Casanelles, fue a la Generalitat a visitar al presidente Companys para manifestarle nuestra disconformidad con la política que una vez más se realizaba, rogándole que evitara todo lo que indicaba que iba a suceder aquella misma noche, es decir: la ruptura por la violencia de las relaciones con el Gobierno. No se nos escuchó, la demagogia y la exaltación de un nacionalismo exacerbado pesó más que la opinión de aquellos que preveíamos, como así ocurrió, un fracaso rotundo. (…) La demagogia había hecho su obra y el desastre se produjo. Sé muy bien que ahora no se proclamará el Estado Catalán ni la República Federal Española, ni los partidos lanzarán sus militantes a la calle, ni los responsables de todo cuanto sucede morirán por Cataluña, nada de eso. Lo que se hará y ya ha empezado estas últimas semanas, es querer hacer olvidar las actitudes irresponsables de los mismos que ya han hecho fracasar nuestra autonomía, consiguiendo la desunión de Cataluña y el enfrentamiento con España; y por eso la actitud de los autores de esta situación es imperdonable. (…) Es desolador que hoy la megalomanía y la ambición personal de algunos, nos hayan conducido al estado lamentable en que nos encontramos (…) ¿Cómo es posible que Cataluña haya caído nuevamente para hundirse poco a poco en una situación dolorosa, como la que está empezando a producirse? (…) Si se ha llegado a esta situación es debido, a mi entender, simplemente a un pensamiento y actitud que empezó el mismo día que tomó posesión del cargo el actual President de la Generalitat, y como era natural, los resultados habían de ser los que ahora sufrimos. (…) Están utilizando un truco muy conocido y muy desacreditado, es decir, el de convertirse en el perseguido, en la víctima; y así hemos podido leer en ciertas declaraciones que España nos persigue, que nos boicotea, que nos recorta en Estatuto, que nos desprecia, que se deja llevar por antipatías hacia nosotros (…) Ya sabe que por encargo del presidente Suárez, fui delegado del Gobierno para dar posesión de la presidencia de la Generalitat de Cataluña al señor Jordi Pujol. Días antes, le indiqué que me parecía normal que en este acto acabara mi parlamento con las palabras tradicionales de siempre, es decir, gritando vivas a Cataluña y a España. Esta propuesta me parecía lógica, pero con gran sorpresa no fue aceptada. (…) Ya sabía que él solamente quería tener presente a Cataluña, pero para mí esto era inaceptable: eran ambos pueblos los que debían ir unidos en sus anhelos comunes (…) Entonces, y ante una situación tan enojosa, decidí no tener presente lo que hasta entonces había hecho en todos los actos oficiales. Hoy. Por ejemplo, es necesario tener el coraje de decirlo, los problemas de la lengua y de la escuela, es la actual Generalitat quien en gran parte los ha provocado (…) la cuestión de la lengua se ha convertido en un problema político y partidista (…) La división cada día será más profunda y se alejará más y más de nuestros propósitos de consolidar para nosotros y para España la democracia y la libertad a la vez que los equívocos que surgirán entre nosotros serán cada día más graves. Por otro lado, las declaraciones de la semana pasada del president Pujol, en las cuales decía todo lo contrario de lo que ha hecho y dicho durante estos últimos diez meses, y que Ya sabe que por encargo del presidente Suárez, fui delegado del Gobierno para dar posesión de la presidencia de la Generalitat de Cataluña al señor Jordi Pujol. Días antes, le indiqué que me parecía normal que en este acto acabara mi parlamento con las palabras tradicionales de siempre, es decir, gritando vivas a Cataluña y a España. Esta propuesta me parecía lógica, pero con gran sorpresa no fue aceptada. (…) Ya sabía que él solamente quería tener presente a Cataluña, pero para mí esto era inaceptable: eran ambos pueblos los que debían ir unidos en sus anhelos comunes (…) Entonces, y ante una situación tan enojosa, decidí no tener presente lo que hasta entonces había hecho en todos los actos oficiales. HoyYa sabe que por encargo del presidente Suárez, fui delegado del Gobierno parawwww dar posesión de la presidencia de la Generalitat de Cataluña al señor Jordi Pujol. Días antes, le indiqué que me parecía normal que en este acto acabara mi parlamento con las palabras tradicionales de siempre, es decir, gritando vivas a Cataluña y a España. Esta propuesta me parecía lógica, pero con gran sorpresa no fue aceptada. (…) Ya sabía que él solamente quería tener presente a Cataluña, pero para mí esto era inaceptable: eran ambos pueblos los que debían ir unidos en sus anhelos comunes (…) Entonces, y ante una situación tan enojosa, decidí no tener presente lo que hasta entonces había hecho en todos los actos oficiales. HoyYa sabe que por encargo del presidente Suárez, fui delegado del Gobierno para dar posesión de la presidencia de la Generalitat de Cataluña al señor Jordi Pujol. Días antes, le indiqué que me parecía normal que en este acto acabara mi parlamento con las palabras tradicionales de siempre, es decir, gritando vivas a Cataluña y a España. Esta propuesta me parecía lógica, pero con gran sorpresa no fue aceptada. (…) Ya sabía que él solamente quería tener presente a Cataluña, pero para mí esto era inaceptable: eran ambos pueblos los que debían ir unidos en sus anhelos comunes (…) Entonces, y ante una situación tan enojosa, decidí no tener presente lo que hasta entonces había hecho en todos los actos oficiales. Hoynos ha llevado a la situación en que nos encontramos, constituye un doble juego ya muy gastado en la política catalana para que sea merecedor de credibilidad. (…) Si tenía que hablar de Cataluña me tenía que dirigir también al presidente de nuestro Parlamento, señor Heribert Barrera. Esto lo hice el 23 del pasado mes en una larga carta en la que hacía constar mi disconformidad con la política sectaria, discriminadora y carente de todo sentido de responsabilidad por parte de la Generalidad. También le hacía constar mi más enérgica protesta ante la política de provocación que Cataluña inició el mismo día de la toma de posesión del presidente Pujol y que todavía continúa, debido por una parte a la política de intimidación engañosa que se hace desde la Generalitat y por otra, abusando de la buena fe de los que hay que reconocer que están tendenciosamente informados. (…) España, unos dicen que bosteza y otros que está dormida. Todo es posible, pero me parece que en el país existe todavía suficiente savia nueva para despertarlo, sacudirlo y darle nobles ambiciones (…) En cuanto a Cataluña, creo que es urgente que se recupere la unidad que se rompió en mayo de 1980, y que se olvide todo lo que ahora nos separa, porque nuestro país es demasiado pequeño para que desprecie a ninguno de sus hijos y lo bastante grande para que quepamos todos. 

Con la amistad de siempre, le saluda afectuosamente. 

Josep Tarradellas”

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(Carta integra)

¨Mi querido amigo: Al día siguiente de nuestra conversación del 25 de marzo quería escribirle (…) Siendo como es usted castellano viejo y al mismo tiempo un ciutadà de Catalunya (…) le escribo hoy. Para empezar, sepa que al día siguiente de haber tomado posesión el nuevo presidente de la Generalitat, es decir, el 9 de mayo del año pasado, manifesté que se había roto una etapa que había comenzado con esplendor, confianza e ilusión el 24 de octubre de 1977, y que tenía el presentimiento de que iba a iniciarse otra que nos conduciría a la ruptura de los vínculos de comprensión, buen entendimiento y acuerdos constantes que durante mi mandato habían existido entre Cataluña y el Gobierno. Todo nos llevaría a una situación que nos haría recordar otros tiempos muy tristes y desgraciados para nuestro país. En primer lugar, porque todo me hacía prever que las inmejorables y afectuosas relaciones que existían con las autoridades civiles y militares del Estado en Cataluña, que tanto y tanto me costó conseguir, de ahora en adelante se irían deteriorando y acabarían por ser tirantes, y comportarían situaciones muy difíciles para la aplicación del Estatuto. Después (…) era inevitable la ruptura de la unidad de nuestro pueblo. (…) Ya sabe que por encargo del presidente Suárez, fui delegado del Gobierno para dar posesión de la presidencia de la Generalitat de Cataluña al señor Jordi Pujol. Días antes, le indiqué que me parecía normal que en este acto acabara mi parlamento con las palabras tradicionales de siempre, es decir, gritando vivas a Cataluña y a España. Esta propuesta me parecía lógica, pero con gran sorpresa no fue aceptada. (…) Ya sabía que él solamente quería tener presente a Cataluña, pero para mí esto era inaceptable: eran ambos pueblos los que debían ir unidos en sus anhelos comunes (…) Entonces, y ante una situación tan enojosa, decidí no tener presente lo que hasta entonces había hecho en todos los actos oficiales. Hoy, al pensar en ello con calma, creo que no podía hacer otra cosa si quería evitar un escándalo de consecuencias imprevisibles. 

Estoy seguro de que el presidente Pujol consideraba normal esta actitud, porque afirmaba una vez más su conducta nacionalista, que era y todavía es hoy la de utilizar todos los medios a su alcance para manifestar públicamente su posición encaminada a hacer posible la victoria de sus ideología frente a España. (…) el hecho de que el presidente Garaicoechea también comparta su pensamiento y actitud en esta cuestión, debía entender (…) que les permitiría por tanto ser más exigentes con el Gobierno del Estado. Al día siguiente voces autorizadas del Gobierno me preguntaban en forma amistosa qué era lo que había ocurrido (…). Preferí callar, aunque ello me acarreó disgustos, pero de ninguna manera podía defenderme, ya que esto podría representar que la actitud del presidente Pujol se hiciera pública y en consecuencia, que se iniciara en todas partes, y principalmente en todos los demás pueblos de España, una campaña de la cual Cataluña podía salir muy perjudicada. (…) En conjunto, puede creerlo, todo me produce tristeza y una honda inquietud de cara al futuro (…) durante estos últimos diez meses todo ha sido bien orquestado para llegar a la ruptura de la política de unidad, de paz y de hermandad aceptada por todos los ciudadanos de Cataluña. El resultado es que, desgraciadamente, hoy podemos afirmar que debido a determinadas propagandas tendenciosas y al espíritu engañador que también late en ellas, volvemos a encontrarnos en una situación que me hace recordar otras actitudes deplorables del pasado. Siempre recordaré que el 6 de octubre del año 1934, a las 5 de la tarde, acompañado del diputado señor Juan Casanelles, fue a la Generalitat a visitar al presidente Companys para manifestarle nuestra disconformidad con la política que una vez más se realizaba, rogándole que evitara todo lo que indicaba que iba a suceder aquella misma noche, es decir: la ruptura por la violencia de las relaciones con el Gobierno. No se nos escuchó, la demagogia y la exaltación de un nacionalismo exacerbado pesó más que la opinión de aquellos que preveíamos, como así ocurrió, un fracaso rotundo. (…) La demagogia había hecho su obra y el desastre se produjo. Sé muy bien que ahora no se proclamará el Estado Catalán ni la República Federal Española, ni los partidos lanzarán sus militantes a la calle, ni los responsables de todo 

cuanto sucede morirán por Cataluña, nada de eso. Lo que se hará y ya ha empezado estas últimas semanas, es querer hacer olvidar las actitudes irresponsables de los mismos que ya han hecho fracasar nuestra autonomía, consiguiendo la desunión de Cataluña y el enfrentamiento con España; y por eso la actitud de los autores de esta situación es imperdonable. (…) Es desolador que hoy la megalomanía y la ambición personal de algunos, nos hayan conducido al estado lamentable en que nos encontramos (…) ¿Cómo es posible que Cataluña haya caído nuevamente para hundirse poco a poco en una situación dolorosa, como la que está empezando a producirse? (…) Si se ha llegado a esta situación es debido, a mi entender, simplemente a un pensamiento y actitud que empezó el mismo día que tomó posesión del cargo el actual President de la Generalitat, y como era natural, los resultados habían de ser los que ahora sufrimos. (…) Están utilizando un truco muy conocido y muy desacreditado, es decir, el de convertirse en el perseguido, en la víctima; y así hemos podido leer en ciertas declaraciones que España nos persigue, que nos boicotea, que nos recorta en Estatuto, que nos desprecia, que se deja llevar por antipatías hacia nosotros (…) Es decir, según ellos se hace una política contra Cataluña, olvidando que fueron ellos los que para ocultar su incapacidad política y la falta de ambición por hacer las cosas bien (…) empezaron una acción que solamente nos podía llevar a la situación en que ahora nos hallamos. Por ejemplo, es necesario tener el coraje de decirlo, los problemas de la lengua y de la escuela, es la actual Generalitat quien en gran parte los ha provocado (…) la cuestión de la lengua se ha convertido en un problema político y partidista (…) La división cada día será más profunda y se alejará más y más de nuestros propósitos de consolidar para nosotros y para España la democracia y la libertad a la vez que los equívocos que surgirán entre nosotros serán cada día más graves. Por otro lado, las declaraciones de la semana pasada del president Pujol, en las cuales decía todo lo contrario de lo que ha hecho y dicho durante estos últimos diez meses, y que 

nos ha llevado a la situación en que nos encontramos, constituye un doble juego ya muy gastado en la política catalana para que sea merecedor de credibilidad. (…) Si tenía que hablar de Cataluña me tenía que dirigir también al presidente de nuestro Parlamento, señor Heribert Barrera. Esto lo hice el 23 del pasado mes en una larga carta en la que hacía constar mi disconformidad con la política sectaria, discriminadora y carente de todo sentido de responsabilidad por parte de la Generalidad. También le hacía constar mi más enérgica protesta ante la política de provocación que Cataluña inició el mismo día de la toma de posesión del presidente Pujol y que todavía continúa, debido por una parte a la política de intimidación engañosa que se hace desde la Generalitat y por otra, abusando de la buena fe de los que hay que reconocer que están tendenciosamente informados. (…) España, unos dicen que bosteza y otros que está dormida. Todo es posible, pero me parece que en el país existe todavía suficiente savia nueva para despertarlo, sacudirlo y darle nobles ambiciones (…) En cuanto a Cataluña, creo que es urgente que se recupere la unidad que se rompió en mayo de 1980, y que se olvide todo lo que ahora nos separa, porque nuestro país es demasiado pequeño para que desprecie a ninguno de sus hijos y lo bastante grande para que quepamos todos. 

Con la amistad de siempre, le saluda afectuosamente. 

Josep Tarradellas”

Así manipulan la Historia de España en Cataluña: a la carta, «esquizofrenia editorial»

Un mismo grupo editor relata en Cataluña la historia en clave nacionalista y en el resto de España en clave constitucional
— Read on www.abc.es/sociedad/abci-manipulan-historia-espana-cataluna-carta-esquizofrenia-editorial-201809231917_noticia.html

La aspiración del nacionalismo no se agota con la obtención de la independencia, sino que pretende influir en el futuro de una España sin Cataluña.

El reto separatista constituye ya una amenaza terriblemente seria para la propia existencia de España como nación y como Estado. Lo es, claro está, por el simple hecho de que pretende arrancar de España, y de manera unilateral, al 20% de su población, de su territorio y de su economía. Pero el desafío y la amenaza no acaban ahí. En varias entrevistas de las que ha concedido —o más bien impuesto, porque en Cataluña la prensa adicta a la causa, que es casi toda, vive pendiente de las llamadas del Palacio de la Generalidad—, el presidente Quim Torra ha manifestado su voluntad de que España adquiera la condición de república y en fecha reciente ha comentado que su visión es la de una península ibérica con tres repúblicas: España, Portugal y Cataluña. Es decir, la aspiración del nacionalismo no se agota con la obtención de la independencia, sino que pretende influir en el futuro de una España sin Cataluña.

“El proyecto separatista requiere de la práctica desintegración de la Nación española. Y para ello operará en cuatro frentes…”

La razón es simple: una Cataluña independiente sólo es viable en la medida en que España esté extraordinariamente debilitada. De hecho, el proyecto separatista requiere de la práctica desintegración de la nación española. Y para ello operará en cuatro frentes, lo está haciendo ya: por una parte, apoyar cualquier reivindicación nacionalista en otras zonas de España; por otra, potenciar el “catalanismo” en los territorios de lo que ellos denominan los «países catalanes», es decir, Islas Baleares, Valencia y zonas de Aragón limítrofes con el territorio catalán, en vistas a una futura anexión, o como mínimo para seguir influyendo mediante esos caballos de Troya en la política española; en tercer lugar, debilitar y deslegitimar, o en su defecto dejar sin contenido práctico, a las principales instituciones españolas y los órganos del Estado de derecho, con especial dedicación en ese ataque al poder judicial; finalmente, aunque ni de lejos lo menos importante, dinamitar la institución monárquica por lo que supone de elemento cohesionador de la nación, porque permite focalizar el odio en un solo objetivo que reúne la condición de persona e institución, y, sobre todo, por lo que representa de argumento histórico. Los experimentos republicanos pueden tener su justificación y resultar más o menos deseables —aunque lo cierto es que en España han resultado catastróficos—, pero es indiscutible que la historia de España, su propia existencia, no se explica ni entiende sin la vertebración monárquica a lo largo de los siglos. Como casi todas las grandes naciones europeas, por otra parte.

Quiero decir con ello que no cabe en absoluto esperar que, una vez conseguida hipotéticamente la independencia, la situación recuperase una normalidad aceptable como mal menor. Es más, desde esa hoy por hoy imaginaria posición de Estado soberano Cataluña contaría con muchos más medios para socavar la integridad española, no siendo el menor de ellos la inyección de entusiasmo que el éxito le habría provocado, y el paralelo hundimiento que la moral de España como nación habría padecido, semejante o superior incluso a la ya legendaria crisis del 98. Un Estado emergente y pujante frente a uno en declive y descomposición.

“Es estrictamente una lucha feroz de una casta política absolutamente determinada, por una pura cuestión de supervivencia y de afán de poder, a acabar con el Estado español, primero desde dentro, y luego desde fuera.”

Este problema no tiene que ver con Cataluña como región, ni con los catalanes como pueblo. Es estrictamente una lucha feroz de una casta política absolutamente determinada, por una pura cuestión de supervivencia y de afán de poder, a acabar con el Estado español, primero desde dentro, y luego desde fuera. Una casta que utilizará absolutamente todos los medios a su alcance y que no se detendrá ante ningún reparo de tipo moral ni siquiera práctico. Una casta, la mejor pagada de España por cierto, que ha logrado, porque ha sabido y porque se le ha permitido, adueñarse de unos instrumentos de poder financiados y construidos por su propio enemigo, y que ha penetrado hasta extremos propios de una secta las entrañas de toda una sociedad, todos sus resortes de poder, absolutamente todos, no solo los políticos, sin apearse pese a ello ni un instante de la proclamación de un victimismo irreal. Y que está en un callejón que conduce no al consabido “victoria o muerte”, pero sí al “victoria o cárcel”. Lo cual se ve agravado por el hecho de que, mediante un empleo modélico (en lo eficaz) de los medios a su alcance, ha conseguido reclutar un ejército de dos millones de fanáticos inasequibles a cualquier argumento, y dispuestos a respaldar cualquier medida que pueda conducir al resultado de la secesión. Y cuando digo cualquiera es cualquiera, pasando por alto reparos de orden procedimental, legal, democrático y de respeto al discrepante.

No es una cuestión de Cataluña contra España, aunque eso nos simplifique mucho los debates, sobre todo a ellos: es una cuestión de nacionalismo contra democracia; de sectarismo contra libertad; de unión frente a fronteras; de agresión frente a legalidad; de propaganda frente a Estado de derecho; de supremacismo frente a igualdad; de movimiento nacional frente a pluralismo; de expansionismo frente a paz. Al presidente Torra y sus adeptos les interesa mucho hablar constantemente en nombre de Cataluña, cuando apenas representan a la mitad de sus ciudadanos. Del mismo modo que hablan como si fuese Cataluña y no sus ciudadanos la que paga los impuestos en el viejo cuento del expolio fiscal. Pero el problema no es Cataluña ni los catalanes: es el nacionalismo. Esa repugnante construcción cimentada en mentiras, propaganda, coacción, prepotencia, fanatismo, odio y supremacismo, y en la utilización torticera de los métodos democráticos para destruir la propia democracia. Los métodos goebbelianos se han revelado muy eficaces noventa años después.

“No caben pactos ni conllevancias (con el nacionalismo), porque sus objetivos son radicalmente opuestos e incompatibles con la propia subsistencia de la Nación española, incluso una vez amputada por su extremo nordeste.”

Por ello, no siendo un problema de Cataluña, sino de una ideología que tiene como objetivo la destrucción de la nación, es imperativo derrotarla. No caben pactos ni conllevancias, porque sus objetivos son radicalmente opuestos e incompatibles con la propia subsistencia de la Nación española, incluso una vez amputada por su extremo nordeste. La ecuación es clara: el separatismo quiere destruir España, luego España ha de destruir al separatismo. Y al separatismo se le aplasta suspendiendo la autonomía sine die, cerrando el grifo del que abrevan todas las terminales que están desarrollando el golpe, tanto tiempo como sea necesario para que se sequen. Como decía no sé quién, cuando te propones desecar una charca no has de aspirar a contar con el beneplácito de las ranas. Dejando de manar consignas, ayudas, sueldos y subvenciones de la fuente inagotable de los presupuestos, la legión de fanáticos se desmovilizará paulatinamente y se reducirá en gran medida, puesto que lo que más alimenta al separatismo es la percepción de que su objetivo es alcanzable. Este es otro de los grandes errores de análisis que se acumulan ya en el caso catalán: la creencia de que cualquier acción encaminada a frenar al separatismo se convierte en una fábrica de separatistas. Al contrario: la principal fábrica de separatistas es la sensación de que el triunfo es posible. Cuanto más posible aparece, más gente se suma al carro. Y viceversa
— Read on ataraxiamagazine.com/2018/09/07/no-es-cataluna-es-el-nacionalismo/

1640 y 1714 la verdadera historia que los nacionalistas quieren olvidar.

En un momento donde son necesarias más que nunca la serenidad y la estabilidad para estimular el progreso de millones de personas que compartimos un territorio, es bueno recordar los datos históricos contrastados y no dejar que las lecturas interesadas de lo que aconteció, justifiquen actitudes que fomentan emociones negativas. El rencor es un sentimiento que genera amargura. Es malo ensimismo, pero se convierte además en ridículo cuando trata de recordar agravios que nunca existieron. Ya hay bastantes agravios en la historia de la humanidad para que además  nos inventemos otros que nunca ocurrieron.
Con todo cariño, a mis socios catalanes. Juntos demostramos cada día que la unión, el trabajo en equipo, la visión global, el diálogo sincero y el esfuerzo conjunto, hacen a los seres humanos llegar lejos. El odio, la venganza, la exclusión, la búsqueda del enemigo en “el otro“ para justificar los propios fracasos, solo traen desgracia y frustración.