Cartas Romanas

LA BOLSA, LA RUINA Y LA GUERRA

 

Querido hermano Quinto Ramonio: 

He estado pensando si deberíamos darle a la compra de estas acciones el carácter de símbolo, de presagio, de precedente al menos, de nuestra capacidad, hasta ahora bastante dudosa, para hacernos ricos con la bolsa.

Si le dotamos de tal carácter y sale bien, como Alejandro ante las

respuestas del Oráculo, seguiremos sin parara en obstáculos hasta la India y la China y conquistaremos sin mas resistencia que los lamentos de nuestros enemigos, todas las empresas de comunicaciones de Oriente.

Si por el contrario, el hado no lo permita, sale mal, volver a sacar un euro para invertirlo en cualquier otra ocurrencia, será una tortura para la mano, que se resistirá aterrorizada a poner en peligro algo mas de nuestro patrimonio y necesitaremos la ayuda de un asistente de campaña para firmar cualquier cosa que nos pueda llevar irrefrenablemente a la ruina.

En fin, nuestro valor, al menos, esta fuera de toda duda. Ave. 

Querido hermano Josefo: 

Que los dioses estén contigo. Ten prudencia por la Galia, de todos es sabido que los galos aparentan comportarse como ciudadanos del imperio mas por la presencia de nuestras legiones que por convencimiento propio. No olvides que tienden a las costumbres bárbaras y ten tu mano siempre cerca de la gladio.

Veo que tu sabiduría se acrecienta con la edad y no puedo sino estar completamente de acuerdo con tus aseveraciones. Consultemos pues al hado con nuestro comportamiento valiente, a la postre siempre habrá algún dios que nos acompañe en nuestro camino, si tenemos éxito demos la bienvenida a la

diosa fortuna, sino, acojámonos al dios Baco.

En todo caso recibiremos al porvenir con la debida dignidad romana. Ave.

Querido hermano Ramonio 

¡Ah el traicionero Baco! De todos los dioses es al que mas temo pues puede hacer de cualquier mortal una piltrafa en pocas horas. He visto tantas victimas de sus crueles juegos tornarse en deslenguados, lascivos, procaces, insensatos, despilfarradores, orates y sobre todo torpes y necios, que me aterra pensar que nuestro destino pudiera estar algún día en tan perversas manos.

Si tiene que venir la ruina, el hado no lo permita, prefiero volver a la

gloriosa séptima y morir empuñando el gladio ante algunos bárbaros de poderosos brazos y mirada azul, helada. Con suerte habré iniciado antes en las artes de la divina Afrodita a alguna de sus hijas de dorados cabellos y generosos pechos. Ave. 

 Querido hermano Josefo: 

Sea pues. Vayamos a la séptima si sale mal. No sé quien se reirá mas al vernos, si los bárbaros de mirada helada o sus hijas, pero como conozco un tribuno que me debe dinero, podemos conseguir que nos ponga en primera fila para que al menos el trance sea rápido. Ave.

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