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TUS OJOS

Tus ojos me envenenan cuando miran

y el veneno, camuflado entre caricias,

me acerca a la soledad inevitable.

 

Cumplirá su misión sin miramientos,

trayéndome cruel toda tu ausencia,

imparable, tenaz e insobornable.

 

Veneno puro, dulce, mortal,

que mis ojos beben de los tuyos,

profundos, misteriosos, implacables.

 

Ojos huidizos que herméticos esconden

cualquier explicación que mitigara

mis ráfagas de pena y de reproche.

 

Maldito el veneno que me diste

que llena cada vena y me condena,

al sueño de añorarte cada noche.

VISTAS AL MAR

 

Al menos para las mujeres tiene mejor gusto y no sólo para las compañeras que han pasado por su vida. Clara es una buena prueba. Cuando está algo más consciente me confiesa que su obsesión por la belleza femenina le ha dejado demasiadas veces, junto con el deseo satisfecho, el desencanto y el vacío.

Hoy, tumbado en su cama, con una sonda para alimentarse y una medicación que le mantiene casi siempre somnoliento, sólo le quedan dos placeres: la vista que el amplio ventanal le ofrece sobre el Cantábrico y las tres veces al día que le toma la temperatura su atenta enfermera, Clara.

Cartas Romanas

LA BOLSA, LA RUINA Y LA GUERRA

 

Querido hermano Quinto Ramonio: 

He estado pensando si deberíamos darle a la compra de estas acciones el carácter de símbolo, de presagio, de precedente al menos, de nuestra capacidad, hasta ahora bastante dudosa, para hacernos ricos con la bolsa.

Si le dotamos de tal carácter y sale bien, como Alejandro ante las

respuestas del Oráculo, seguiremos sin parara en obstáculos hasta la India y la China y conquistaremos sin mas resistencia que los lamentos de nuestros enemigos, todas las empresas de comunicaciones de Oriente.

Si por el contrario, el hado no lo permita, sale mal, volver a sacar un euro para invertirlo en cualquier otra ocurrencia, será una tortura para la mano, que se resistirá aterrorizada a poner en peligro algo mas de nuestro patrimonio y necesitaremos la ayuda de un asistente de campaña para firmar cualquier cosa que nos pueda llevar irrefrenablemente a la ruina.

En fin, nuestro valor, al menos, esta fuera de toda duda. Ave. 

Querido hermano Josefo: 

Que los dioses estén contigo. Ten prudencia por la Galia, de todos es sabido que los galos aparentan comportarse como ciudadanos del imperio mas por la presencia de nuestras legiones que por convencimiento propio. No olvides que tienden a las costumbres bárbaras y ten tu mano siempre cerca de la gladio.

Veo que tu sabiduría se acrecienta con la edad y no puedo sino estar completamente de acuerdo con tus aseveraciones. Consultemos pues al hado con nuestro comportamiento valiente, a la postre siempre habrá algún dios que nos acompañe en nuestro camino, si tenemos éxito demos la bienvenida a la

diosa fortuna, sino, acojámonos al dios Baco.

En todo caso recibiremos al porvenir con la debida dignidad romana. Ave.

Querido hermano Ramonio 

¡Ah el traicionero Baco! De todos los dioses es al que mas temo pues puede hacer de cualquier mortal una piltrafa en pocas horas. He visto tantas victimas de sus crueles juegos tornarse en deslenguados, lascivos, procaces, insensatos, despilfarradores, orates y sobre todo torpes y necios, que me aterra pensar que nuestro destino pudiera estar algún día en tan perversas manos.

Si tiene que venir la ruina, el hado no lo permita, prefiero volver a la

gloriosa séptima y morir empuñando el gladio ante algunos bárbaros de poderosos brazos y mirada azul, helada. Con suerte habré iniciado antes en las artes de la divina Afrodita a alguna de sus hijas de dorados cabellos y generosos pechos. Ave. 

 Querido hermano Josefo: 

Sea pues. Vayamos a la séptima si sale mal. No sé quien se reirá mas al vernos, si los bárbaros de mirada helada o sus hijas, pero como conozco un tribuno que me debe dinero, podemos conseguir que nos ponga en primera fila para que al menos el trance sea rápido. Ave.

Veinte Minutos


Las últimas gotas de la alcachofa de la ducha eran los únicos sonidos perceptibles en la casa hasta que oí el estruendo. Sonó demasiado cerca para ser en casa del vecino de arriba. Pensé que una ráfaga de viento había movido el estor de la ventana abierta, que a su vez habría tirado la lámpara de sobremesa o cualquier otro cachivache de la mesa del despacho. Recién secado, en calzoncillos, salí al pasillo. A menos de un metro de mi encontré el origen del ruido. Eran las 21,15h del pasado Jueves Santo.

Un hombre de complexión mediana, con pelo corto, moreno de pelo y piel, barba de varios días, ojos negros y las manos enguantadas estaba frente a mi.

Los primeros segundos fueron de reconocimiento mutuo y análisis de la situación y tuvieron como objetivo prever la reacción del otro.

Por muchas veces que había intentado visualizar una escena semejante con la intención de programar la reacción más eficaz, nunca imaginé el efecto que la situación real produce. En mi caso a la estupefacción más absoluta – ésto no puede estar pasando- se sumó el miedo y me quedé temporalmente paralizado. Dos fibras del gemelo rotas, que me hacían cojear ostensiblemente desde algunos días atrás, tampoco contribuyeron a darme ninguna seguridad en mi mismo.

Habiendo percibido, supongo, que no tenía enfrente un enemigo serio dispuesto a todo, el sujeto se dirigió a mi extendiendo el brazo y poniendo su mano sobre mi cabeza. El gesto se parecía más a una bendición que a una amenaza.

Tírate al suelo.-

Pensé que si le obedecía quedaría completamente a su merced y sólo me marqué un objetivo: cruzar el pasillo como fuera, llegar a la puerta principal y salir de la casa para huir mientras intentaba pedir auxilio.

Que te tires al suelo, cabrón!-

¿Qué quieres?- sólo tratando de ganar tiempo-

En ese momento apareció otro individuo, moreno también, pero de complexión mucho más fuerte.

Túmbate de una vez hijoeputa y dinos dónde está la pasta.

Sin demostrar el más mínimo intento de agresión, le aparté la mano de mi cabeza, avancé en su dirección e inicié un forcejeo. Me agarraron de un brazo, de las manos, de las piernas, del pelo y de donde podían, pero me fui zafando de sus presas mientras avanzaba lenta pero inexorablemente hacia la salida.

En ocasiones les arrastraba a los dos, a pesar de que me pegaban algún puñetazo en la cara y en las costillas. Cuando vieron que no podían controlarme con facilidad, uno de ellos, el más fuerte, sacó un cuchillo pequeño, se agachó y me lo clavó en mitad de la parte anterior del muslo con una precisión casi quirúrgica. La herida empezó a sangrar profusamente y eso unido al dolor de los gemelos lesionados me hizo perder apoyo instantáneamente. Finalmente hinqué la rodilla en el suelo y quedé totalmente a su merced.

Acto seguido me arrastraron hacia mi dormitorio y me sentaron en la cama.

¿Dónde está la pasta? La pasta y las joyas de tu mujer-

Escuchad, tengo una cartera en la entrada con dinero. Debe haber unos 400 euros. Es todo lo que tengo, de verdad.

A mi no me engañas cabrón. Danos todo el dinero y las joyas cabrón. ¿Dónde están las joyas de tu mujer?-

Pero ¿qué mujer?. No tengo mujer, estoy divorciado y vivo solo. No hay joyas y el dinero está en la entrada, en la cartera. Vamos a por la billetera.

La herida del muslo sangraba cada vez más y mientras uno me mantenía controlado en la cama, el otro registraba el dormitorio rápidamente. Este último encontró el machete que guardo al lado de la cama y en la mesilla de noche encontró un cuchillo de remate de Armería Española, un regalo de boda – que cosas -cuya sola visión corta el aliento. Mis armas se iban a volver pronto en mi contra.

Mira que guapo tío- dijo al encontrar el cuchillo de caza.

El se quedó con el machete y le dio el cuchillo de remate al otro. Me tumbaron en la cama y me pusieron las armas en la cara, en el cuello, en la garganta, mientras no dejaban de pedirme el dinero y las joyas insistentemente.

Por favor, me estoy desangrando. Dejad que me haga un torniquete o me voy a morir, por favor, por favor…-

Que nos des el dinero cabrón que si no te matamos ahora mismo, ¡danos el dinero!-

Yo repetía mi respuesta como una letanía:

Dejad que me haga un torniquete, por favor, ¿no veis que me estoy desangrando?-

En un momento dado el pequeño me dio una bofetada, pero el otro me incorporó y me dejó coger la chaqueta del pijama con la que empecé a atarme la pierna. El grande se levantó y volvió enseguida con un cinturón que ató sobre el torniquete que yo había improvisado.

El que registraba se levantó, abrió los armarios del dormitorio y dijo:

Aquí hay una caja fuerte-

Me levantaron y me llevaron a la caja. El menos fuerte, muy alterado, la agarró con las dos manos para intentar arrancarla del fondo del armario.

Espera, espera, que te de la clave. Dale la clave, ¡venga!

Vale, vale, ya la abro.

Encendieron la luz, abrí la caja, sacaron un sobre con dinero, una colección de relojes, una cartera con moneda extranjera y unos gemelos de mi padre. Aunque el descubrimiento actuó como un bálsamo para su ansiedad, después de contar el dinero me increparon:

¿Donde hay más dinero?-

Ya os he dicho que hay dinero en una billetera en la mesa de la entrada. Cogedlo y marcharos, por favor.

Llévanos. ¿Qué más tienes?

Yo ya estaba agotado y no sabía que decir. No tenía más dinero ni nada de valor que les pudiera dejar satisfechos.

No hay nada que no esté a la vista. Coged lo que queráis y marcharos. Por favor.

Me llevaron entre los dos hacia la entrada y cogieron una billetera con unos 400 euros y otras carteras con tarjetas de crédito. Me empujaron al salón y me tiraron al suelo. El más fuerte siempre me tenía agarrado y siempre apoyaba el cuchillo de remate en alguna parte mi cuerpo mientras el otro se movía como un loco cogiendo todo lo que le parecía interesante: un ipod, mi ordenador portátil, una radio…

De repente, el fuerte empezó a decir:

¡Dale rápido, vámonos ya, apúrate, vámonos!

Ese momento, junto con los segundos del primer encuentro, fue en el que experimenté mayor pánico.

Tenían la cara descubierta, me había resistido al principio, les había intentado engañar diciéndoles que no tenía dinero, les había hecho perder tiempo haciendo más arriesgada su acción y tenían un cuchillo y un machete que entraría como en mantequilla en cualquier parte de mi cuerpo. Y aunque la lógica y las probabilidades estaban a mi favor, sinceramente, no sabía que qué iba a ser de mí en los segundos siguientes.

Nunca he tenido tanto miedo.

Cuando oí por fin que el del machete le dijo al que me sujetaba “átale”, me convencí de que todavía tenía posibilidades de salir con bien de la historia. Pero necesitaba asistencia médica.

Cogieron unas zapatillas de deporte del armario de la entrada y me ataron las muñecas por delante con los cordones, bien fuerte, pero con tanta prisa que dejaron una de las zapatillas colgando de mi mano derecha.

No te muevas cabrón-

No me costó nada obedecerles. Maniatado, tumbado en el suelo, esperé a dejar de oír ruidos y cuando me cercioré de que se habían ido me arrastré hasta la cocina, cogí un cuchillo y me corté las ligaduras. Cojeando, sangrando abundantemente por la herida, magullado y realmente exhausto, me incorporé como pude, salí al rellano de la escalera, llamé a tres puertas y me abrieron en la última.

Ladró un perro, salió una señora.

Pero hijo, ¿qué te ha pasado, por Dios?

Por favor, llamen al 112.

Para los independentistas catalanes

Permitidme que os diga alguna cosa. No os hará pensar ni cambiar. Sólo alimentará vuestro odio. Pero a mi me sirve para dejar constancia de que lo avisamos. Para que nadie diga luego entre lloriqueos y lamentos: no era ésto, no era ésto

Las emociones y las reacciones humanas son a veces incontrolables. Hasta las personas más pacientes tienen un límite. Estáis alterando la vida cotidiana de la gente que mayoritariamente lo que quiere es vivir en paz y mejorar su vida y la de sus familias..

Estáis coartando su libertad. Estais limitando su educación y privándoles del tesoro de la lengua española. Estáis gastando sus impuestos en manipular las mentes de sus hijos y en propaganda para engañar a la comunidad internacional.

Estáis atacando a más de la mitad de los catalanes. Les estáis insultando, llamándoles hienas, bestias taradas y acusándoles de tener fallos en el ADN porque hablan español. Les estáis ofendiendo, separando a familias y amigos con mensajes basados en mentiras que generen odio.

Y estáis ofendiendo y atacando los principios de la inmensa mayoría del resto de los españoles, difundiendo que os robamos y que nuestra ascendencia arabe y semita, nos hace gente vaga, mezquina y poco de fiar para los arios superiores que nos habéis soportado con generosidad.

Os estáis acercando irremisiblemente hacia el fracaso. Estáis empezando un partido para el que no tenéis nivel. No habéis empatado con nadie. Nunca. Lleváis siglos así. Vais a perder otra vez. ¿Y sabéis por qué?

Porque los buenos catalanes, QUE SON LA MAYORIA, a pesar de vuestro control de la educación, de los medios de comunicación, de vuestra burda manipulación, os vencerán. Y contarán con la ayuda del resto de sus compatriotas. Siempre. Sánchez es un accidente pasajero. No lo olvidéis.

Ronald Reagan

«Un comunista es alguien que ha leído a Marx; un anticomunista es alguien que además lo ha entendido»

El equipo de Andalucía tiene que cambiar al entrenador.

Claro que hay redes clientelares; claro que Canal Sur está al servicio de la Junta; claro que hay muchos que prefieren una vida sin muchas aspiraciones y mal-bien vivir del cuento. Pero me niego a creer que Andalucía no está llena de personas con pundonor, con aspiraciones, que quieren mejorar las condiciones de vida de su tierra para ellos, sus hijos y sus nietos y que son conscientes de que el régimen socialista les tiene a la cola de España y de Europa. La resistencia al cambio es fuerte, sobre todo cuando no hay a la vista un proyecto atractivo ni un líder capaz de atraer voluntades generando ilusión. Pero cuando las situaciones alcanzan ciertos niveles de decadencia, el cambio es obligatorio. Para que entre aire fresco. Para que las cosas se muevan. Y sin duda los que lleguen harán de su capa un sayo, generarán prebendas, cometerán errores y decepcionarán en muchas cosas. Así es el ser humano. Piensa mal y acertarás. Pero si además de que la naturaleza humana tiene un aspecto vil, perpetuar a los mismos en el poder dejando impune su vileza, es un estímulo irresistible para que abusen aun más de su poder, roben más, gestionen peor y sigan perjudicando a una tierra que le ha dado grandes hombres a España y al mundo y que no se lo merece. #CambiaAndalucía