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Manuel García, solo ante el peligro, esperando a los siete magníficos.

La mayoría de los adultos de mi quinta -1960 – nos hemos emocionado con westerns donde un héroe defendía a los habitantes de un pueblo de las fechorías, abusos y oprobios ejercidos por una minoría de malvados, liderada por su malvado jefe.

Banqueros acomodaticios, sherifs corruptos, propietarios del salón que preferían la paz injusta mientras pudieran seguir vendiendo whisky y las clásicas señoritas de alegre vida que sobrevivían como podían a la situación. Todos sempre mirando para otro lado. Todos viviendo de rodillas. Todos llenos de miedo.

Pero de vez en cuando hasta los humillados reaccionan. Los habitantes de Rose Creek, conscientes de su incapacidad para enfrentarse a los violentos armados, contrataron a otros violentos armados para romper su yugo. Y ”Los siete magníficos” cumplieron su trabajo liberando al pueblo.

Pero si hay una película en la que los sentimientos de miedo, honor, responsabilidad, cumplimiento del deber y valentía se aúnan para conformar el talante de un héroe, es sin duda “Solo ante el peligro”.

Will Kane (Gary Cooper), sheriff del Hadeyville, tiene que enfrentarse a la amenza de Frank Miler, un criminal al que atrapó tiempo atrás, que llegará en el tren del mediodía para vengarse. Los habitantes del pueblo, presas del miedo, siempre el miedo, le abandonan a su suerte. No desvelaré el final para no quitarle emoción a algún aficionado joven que no haya visto la película, absolutamente imprescindible.

Para Manuel García, Blanes es Hadeyville. Le amenazan, le boicotean, le agreden, ponen en riesgo el negocio en el que se ha dejado la piel y los sheriffs corruptos le han dejado solo. Solo ante el peligro. Y yo, mezclando los argumentos en mi ensoñación, imagino que una tarde aparecerán frente al Sol D’or, siete valientes que le plantarán cara al oprobio y harán temblar a los malvados. Siete que serán setenta y luego setecientos y luego siete mil y luego setenta mil y así hasta que la banda de infames opresores, falseadores de la historia, paranocios decerebrados, vivan el miedo de primera mano y se enfrenten de una vez por todas a la Justicia y a las consecuencias de sus actos.

Tratando de evitar un mal mayor se pueden acumular tantos males menores que acaben conformando un mal inconmensurable.

Gracias Manuel por tu valentía, Lo que nos preguntamos la mayoría de españoles sensatos en: ¿donde están los 7 magníficos?

Génesis 11:1–9

Génesis 11:1–9

La torre de Babel

11 1–2 Cuando la gente se fue hacia el este, encontró un valle en la región de Babilonia, y allí se quedó a vivir. En aquel tiempo todos hablaban el mismo idioma, 3–4 así que se dijeron los unos a los otros:

«Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. Nos haremos famosos y no acabaremos dispersándonos por todo el mundo».

Y empezaron a construir. En lugar de piedras, usaron ladrillos que ellos mismos hicieron, y en lugar de mezcla usaron brea.[a] 5 Pero cuando Dios bajó a ver lo que estaban construyendo, 6 dijo:

«Como son un solo pueblo, y hablan un solo idioma, ya han comenzado a hacer esto. Ahora nada les impedirá hacer lo que quieran. 7 Es mejor que bajemos y confundamos su idioma, para que no se puedan entender».

8–9 Y desde ese lugar Dios los dispersó por toda la tierra, y ellos dejaron de construir la ciudad. Allí Dios confundió su idioma para que no pudieran entenderse.

La responsabilidad debe recaer en los que ejercen un control indiscutible sobre nuestros asuntos…

La responsabilidad debe recaer en los que ejercen un control indiscutible sobre nuestros asuntos políticos, que ni evitaron que Alemania se rearmara, ni se rearmaron a su vez a tiempo (…) La hora de la verdad no ha hecho más que comenzar. Esto no es más que el primer sorbo, el primer anticipo de una copa amarga que nos ofrecerán año tras año, a menos que, mediante una recuperación suprema de la salud moral y el vigor marcial, volvamos a levantarnos y a adoptar nuestra posición a favor de la libertad, como en los viejos tiempos”.

Marcas, precios y mercados

No cabe duda de que fenómenos como el e-commerce, imparable desde que empezó, y la reciente/vigente crisis económica ha puesto en tela de jucio muchos principi sque antes 

Montserrat Domínguez

Desde hace 5 años me despierta todos los sábados y domingos a las 08,00h. No importaba si había salido la noche anterior y había dormido poco. Necesitaba escuchar esa voz.

Quizá el atractivo empezaba al idenificar ese sutil tono que a mi me parecía de fumadora/ex fumadora (desconozco el dato) que inevitablemente sentía solidario con mi noche matadora. La vuelta a la vida, que eso es despertarse cada día, abrazado por esa voz armónica que invitaba a la accion desde el primer segundo, eran el preludio imprescindible de mi pimera taza de te.

Equilibrio. Si. Quizá sea la pimera sensación que me generaba. El relato de las noticias, fueran las que fueran, siempre soportado por una voz sosegada, neutral, nunca monótona, intencionada en las pausas y los tonos pero nunca alterada. Un envoltorio neutral para los contenidos lanzados al aire. Y sin embargo tiene esa capacidad de transmitir emociones hablándole a todos por igual, mostrando su enfado, su sorpresa o su acuerdo. “Sí ministro, pero ¿no cree que sería más lógico..?.”

La voz adquiere tonos metálicos cuando manifiesta su indignación. Tan distintos al cordial “¿Como estás?” cuando saluda cariñosa a su pastor. Esa “a” alargada con intención y esa “s” de seductora irresistible.

La autoridad que emana su voz viene de su seguridad. Sin levantarla nunca, ordena la tertulia, reparte juego, toma partido si lo considera oportuno y cuando nota que el asunto no progresa y no reviste mayor interés que el del permanente “y tu más” de los políticos, lo cierra con un elegante “bueno…” y a otra cosa mariposa.

Estos 5 años han sido una delicia. Te deseo lo mejor en esa nueva etapa, pero prométenos a todos los que te hemos seguido y disfrutado, que nunca nos privarás de tu voz.

José Luis Sicre
27–05–2012

Comunicación

Spanish

Uno de los objetivos de la comunicación es encontrar soluciones a problemas comunes. Da igual que el diálogo o la discusión se produzca con un colega, jefe, empleado, pareja, amig@…

Pensar al menos tres segundos sobre lo que ha dicho el otro antes de rebatirlo con el único objetivo de imponeer la idea propia, nos da la oportuniad de aprovechar la inteligencia y la experiencia de nuestro interlocutor y de encontrar quizá una solución mejor en menos tiempo.

English

One of the goals of people talking si to find solutions to common problems. It doesn’t matter if the talk involes boss, emplyee, partner, cuple, friend, realtive…

To think at least 3 seconds about the other’s arguments instead of trying to impose our own idea, gives us the chance of leaning from the other’s knowledge and experience and probably to find a betters solution sooner.

LA UNICA

 

 

Hay una situación que se da en algunas partidas de ajedrez, normalmente entre jugadores arriesgados, creativos, que practican aperturas y defensas violentas, en las que la posición es tan abierta, tan dinámica, que cualquiera de los dos jugadores puede ganar. Pero en ajedrez hay una ventaja que se llama “tiempo”: ganar un tiempo, perder un tiempo, recuperar un tiempo. Tiene esa ventaja el que en una posición determinada, tiene derecho a mover primero. Y en ese momento, en esa situaciones de máxima tensión, el que tiene derecho a mover primero tiene varias jugadas que le pueden conducir a la victoria, con la particularidad de que sólo una, le lleva a vencer con seguridad. Esa jugada es la única que obliga al contrincante a responder con una sucesión de jugadas “obligadas” que le acercan irremisiblemente a la derrota. Tanto es así, que cuando el otro jugador ve que su rival ha acertado y elegido la única, normalmente inclina su rey y abandona. Pero si el ahora ganador hubiera elegido cualquier otra jugada, la situación hubiera cambiado drásticamente, habría devuelto el “tiempo” al adversario y hubiera sido éste quien habría podido ganar la partida.

A veces, esa primera y única jugada ganadora es un sacrificio de un peón. Otras veces de una pieza más importante. Cuánto más valor tiene la pieza sacrificada, más “bonita” es la jugada y más posibilidades tiene de quedar recogida en alguno de los miles de libros de ajedrez que ilustran el arte del sacrificio. Y entre todas, la más valorada, la más sorprendente, la más hermosa, la que todo jugador desea encontrar, es el sacrificio de dama.

 

El Funanmbulista

El día había amanecido placido. La temperatura era agradable y no hacia casi nada de viento. Andrés y el resto del equipo habían estado preparando el cable unas horas antes y todas las pruebas habían acabado con la salida del sol. Un buen augurio.

Mientras se afeitaba en un hotel próximo se reafirmaba en que esa seria la ultima vez.

El Ayuntamiento le había contratado para la inauguración de la que por lo visto iba a ser la calle peatonal mas grande del mundo. El Paseo de la Castellana de Madrid cerraría el trafico a los coches el lunes siguiente a su actuación prevista para el próximo domingo 2 de abril.

Cuarenta años, un estado físico más que razonable, una carrera de éxitos y la ambición de ser el artista de semejante acontecimiento eran las razones para el sí.

Algo de dinero bien invertido, un pequeño patrimonio, un divorcio a la espalda y un amor reciente tan desbocado como imposible eran las razones para el no. No necesitaba hacerlo y no quería morir en ese momento. Todavía no.

Andrés le esperaba abajo con un coche. En pocos minutos llegaron a la tribuna de autoridades donde les esperaban alcalde y concejales, algunas caras conocidas y decenas de periodistas. Cámaras, micrófonos,  flashes, preguntas típicas…

Nada parecía distraerle ni sacarle de su estado de concentración. Tras los inexcusables saludos oficiales se subió al ascensor exterior que se había montado para la ocasión. Treinta pisos pasaron lentamente uno tras otro ante sus ojos. No miraba a la calle. La fachada de cristal y metal del edifico reflejaba el sol con fuerza compartiendo con el la medida de la distancia al suelo. Andrés seguía a su lado sin hablar. Le había acompañado en todas sus actuaciones y sabia que su silencio era la mejor forma de ayudarle. Le había llamado al hotel una hora antes para darle todos los detalles sobre la tensión del cable, las comprobaciones de seguridad, la velocidad y la orientación del viento y las previsiones para las próximas horas. Lo repasarían todo arriba. Frente al cable. Ahora no había mucho mas que decir.

Ultimo piso. Las puertas se abren y dan paso a una azotea diáfana,  de suelo gris, plata, limpio, liso, casi resbaladizo. Enfrente, a pocos pasos, unas barandillas paralelas marcan la zona de entrada al cable. Grandes mochetas y tuercas fijan los tensores que lo sujetan.  Cerca, envuelta en una fina tela roja le espera la pértiga que le ayudara a llegar al otro lado.

El medico toma sus constantes por ultima vez mientras los técnicos revisan todos los elementos de seguridad. Después se van. De nuevo, como tantas veces, Andrés y el, solos.

– ¿Te encuentras bien?

– Si

– ¿Estas seguro?

– Si

– Sabes que podemos irnos sin dar explicaciones.

– Lo se.

– ¿Necesitas algo mas?

– ¿Ha venido?

– No lo se.

– ¿Ha llamado?

– No. Pero sabe que tiene un sitio en el edificio de enfrente. Si quiere estar, estará.

– Ya.

– No se esperan cambios de viento. El día es perfecto. Hazlo como siempre lo has hecho. ¿Estas listo?

– Si. Espérame al otro lado.

Las pisadas de Andrés se alejan. El ruido de las puertas del ascensor al abrirse y el inicio del descenso son los últimos sonidos que oye antes de empezar a concentrarse en su propia respiración.

Por fin arriba, nadie.

Se acerca al cable, usa las barandillas para empezar la sesión de estiramientos que usa siempre para concentrarse, respira, estira, respira. La energía en el abdomen, en el centro, el Chi que lo controla todo. El equilibrio, la armonía, la diferencia entre la vida y la muerte. Su vida y su muerte.

En un ultimo movimiento se agacha, desenvuelve la pértiga, la levanta, la estabiliza y se acerca al cable. Solo unos centímetros le separan del primer paso. El primero de los 50 que le separan del edificio de enfrente. Abajo se ven personas pequeñas y mudas. Son el final del vacío que vuelve a estar ante él. El vacío que crea esa sensación que solo con una disciplina férrea ha podido controlar durante su carrera. El vacío que se agarra a su boca del estomago y trata de expandirse por todo el cuerpo invadiendo primero los pulmones  y que solo el entrenamiento y la voluntad consiguen retener ahí, en su centro, a raya, bajo control.

Ahora está al borde del edificio, de pie, erguido como una caña de bambú, firme pero flexible, con la pértiga en sus brazos. Abre los ojos, levanta lentamente la pierna derecha, la extiende y apoya el pie en el cable. El tacto es bueno. No hay movimiento perceptible. Es hora de apoyar el pie izquierdo para completar el primer paso. Está en el cable, solo, con sus pensamientos.

La conoció de forma causal y se quedó prendado. Era su tipo físico, sin duda, pero fueron sus ojos y su sonrisa lo que le descolocó y se le metió entre las costillas.

El aire le parece limpio, el cielo de Madrid está claro, azul y despejado y siente que de alguna manera le sostiene. La pierna derecha vuelve a avanzar con suavidad, la pértiga oscila levemente sujeta por sus brazos con firmeza, la respiración es regular y da el segundo paso sin dudar.

Desde que la vio nació en él un irrefrenable deseo de estar con ella. Buscaba su proximidad casi más que su contacto. De alguna manera la sabía prohibida y se autocensuraba en sus manifestaciones. Verla, tenerla cerca de vez en cuando era bastante.

Las piernas están tensas, los pies flexibles, los brazos sostienen la pértiga que mantiene un equilibrio imposible con movimientos apenas perceptibles. Una bandada de pájaros le rodea mientras parecen contemplar con admiración su ejercicio. Da el tercer paso, se afirma, respira y abstrayéndose de todo, hasta de ella, encadena un cuarto paso.

Ha pasado mucho tiempo desde que nació la pasión que ahora le muerde las entrañas. El contacto ha seguido y al amor de primera vista se le ha unido el cariño del roce, la admiración de muchas de sus virtudes y el infalible acicate de lo prohibido, de lo inconveniente, de lo inapropiado.

El reflejo repentino del sol en una ventana del edificio de enfrente capta su atención más de lo debido. En mitad del quinto paso se inclina en exceso hacia la izquierda, el pie tiene que enroscarse literalmente en el cable mientras la pértiga compensa el movimiento tras un gesto rápido y preciso que ninguna de las figuritas de abajo apreciará nunca. Algo de calor en la frente precede a unas pequeñas gotas de sudor que resbalan tímidas hacia su cuello. La respiración y el control le devuelven a la posición de equilibrio perfecta de la que depende su vida.

Su vida que, sin ella, sería otra vida. Su vida con ella, pero sin ella, es una lucha cruenta contra sí mismo. Sabe que no debe luchar por ella, que no debe ni siquiera intentarlo. Sus días son una permanente contención de emociones. Preguntas no hechas, labios que sólo hablan y ojos que moderan sus miradas. Necesita usar el mismo control que le mantiene arriba en equilibrio. La razón tratando de imponerse. La razón que no consuela el vacío que le deja su ausencia.

El sudor ha desparecido. La respiración mantiene un ritmo pausado. El aire entra y sale lentamente haciéndole flotar entre el cielo azul y el suelo gris cuajado de puntos en movimiento a los que les son ajenos sus pensamientos. Creerán que su mente está concentrada en no caer, en llegar al otro lado, en culminar con éxito su hazaña. Sin embargo sus movimientos ya se han convertido en automáticos y la inercia le guía. Los músculos han adquirido el punto justo de tensión y elasticidad. Toda su sangre los impulsa hacia delante con firmeza, aceptando ya sin miedo recorrer una distancia infinita. Todos sus años de entrenamiento le han servido para que su cuerpo se mueva de forma independiente, maquinal, autónoma. Como un robot. Ya no es humano. Ahora sólo funciona.

 

Hazaña sería besarla y conseguir en ese beso todas las sensaciones que durante tanto tiempo ha imaginado. Tomar de su aliento la pureza que confía todavía le quede. Romper con sus labios el velo que esconde quizá, todavía, un resquicio de inocencia de la que ella pareciera avergonzarse. El único éxito, sentir su deseo y quizá, por un momento, tener su amor.

 

Ha recorrido la mitad de la distancia. El grupo del edificio de enfrente se ve con claridad. Andrés está el primero mirando atentamente, tranquilo, seguro, serio. Andrés es su verdadera pértiga. Cuando encuentra sus ojos sabe que le abrazará al llegar. Quiere ese abrazo.

Los pájaros, no sabe si los mismos, vuelven a volar cerca de él. Están suspendidos y parecen querer acompañarle en sus últimos pasos. Es un intruso en las alturas que despierta su curiosidad. Cuanto antes llegue al otro lado antes recuperarán ellos su espacio.

Según se va acercando al final el corazón empieza a acelerarse. Dentro de poco sabrá si está arriba. El cuello se tensa y la respiración se agita. Ante sí unos pasos y otra vez, el resto de su vida.

Y si está, ¿qué? ¿Seguir soñando?

Seguir soñando.

Sueños.

Lejanos sueños que le acompañan muchas noches, hasta que el amanecer le recuerda que un día más tiene que subir al cable, coger la pértiga, respirar y apoyar el pie para dar el primer paso de la travesía que será su día. Manteniendo el equilibrio. Conteniéndose. Respirando. Concentrando toda su energía en hacer lo correcto porque cualquier error sólo producirá más dolor.

 

Apenas quedan cinco pasos. Andrés le sonríe anticipando un nuevo triunfo. Otro éxito. Pero la mirada que le devuelve es extraña. No expresa triunfo. Se siente bien en el vacío. Su vacío. Allí no necesita nada. Sólo seguir haciendo lo que sabe. Es cómodo. No caben los abrazos ni los besos. En el cable no los necesita. Abajo tampoco. Entonces, ¿para qué seguir avanzando? Quizá porque los pájaros se lo siguen pidiendo. Una buena razón, pero no suficiente. Era un buen día para acabar. Buena temperatura, una brisa suave, el corazón otra vez latiendo despacio, la mente limpia, consciente de lo que tiene y lo que no. Lo que desea y no le es dado. Consciente de que lo que venga luego será al menos distinto. Sólo un movimiento levísimo bastaría para cambiar todo su universo de sensaciones. Para acabar con el vacío y con los sueños. Para dejar de abrasarse en sus ojos. Una inclinación sutil de la pértiga, un giro suave del cuello, una última mirada de agradecimiento y de solicitud de perdón para Andrés y todo acabaría en segundos. Sería un vuelo rápido en el que sentiría lo que toda su vida había tratado de evitar. El aire rozándole la cara con fuerza, el cuerpo girando veloz formando infinidad de escorzos que trataría de hacer bellos hasta el final. Y luego ¿nada?. Lo que fuera sería bienvenido.

 

El gesto de Andrés le saca de su abandono. Ha girado la cabeza hacia atrás. En el grupo se ve movimiento. Lentamente aparece buscando la primera línea. Está guapa, como siempre. A él siempre le parece radiante.

Le clava los ojos preguntándole. Esta seria. No puede prometerle nada. No sabe, no quiere, no debe. Pero en sus ojos hay una petición.

“Quédate”.

Sus ojos le devuelven la pregunta que ella no quiere oír.

“¿Para qué?”

“No lo se, pero quédate.”

El está ahora tan inmóvil como cualquiera de los edificios que puede abarcar con la mirada. No piensa. Sólo siente. Y siente que todavía le faltan motivos para renunciar al vuelo.

Sin apartar los ojos de los suyos ella se acerca todo lo que puede al borde del edificio y alarga el brazo tendiéndole la mano. No ha mudado el gesto. No hay un asomo de promesa en su mirada. Sólo una orden.

“Quédate”.

Ha empezado a soplar algo de viento que mueve su pelo con delicadeza y le tapa los ojos por un momento. El hace un gesto con la cabeza pidiéndole que se lo aparte. No quiere dejar de ver sus ojos ni por un momento. Son lo único que le retiene arriba.

Y entonces ella, sin dejar de mirarle, se aparta el pelo:

“Ven”.

Y entonces él…va.

ESPAÑA NOÑA


El número de ni-nis crece rápidamente. Se reproducen al calor de padres pusilánimes, asustados e inseguros. De colegios donde el merito y el esfuerzo han dejado de ser motivo de admiración y de progreso; de programas de TV que venden paquetes de músculos tatuados, tetas sin paraíso y actividad sexual de conejo.

Hay algunas razones que son causa directa de esta nueva generación de bo-bos como la ley de educación del PSOE (LOGSE) que luego los aguerridos gobiernos del PP no fueron capaces de cambiar en 8 años, paralizados por sus complejos seculares y probablemente por algunos intereses personales.

Pero hay otras razones mas profundas, mas de fondo, mas de inercia colectiva y una de ellas es, sin duda, la tendencia sociológica de la ñoñeria. El miedo a enfrentarse a la realidad menos amable, a camuflarla, a querer cambiar nuestra percepción de la misma a base de eufemismos, cuando no nos atrevemos a mirarla de frente, esta minando la resistencia de nuestra sociedad y debilitando nuestras voluntades. Así, a una crisis galopante le llamamos desaceleración económica; a un gamberro que no da ni golpe y amenaza a sus padres, adolescente en busca de identidad; a una fuerte subida de impuestos, moderado ajuste fiscal y al ejercito que va a una guerra como la de Afganistán, contingente en misión de paz. Asi no hay forma de arreglar nada, porque ni siquiera se reconoce colectivamente que haya nada que arreglar.

La clave del progreso de una sociedad o una civilización es el conocimiento y su capacidad de mejorar su entorno y el de sus habitantes. Pero en lugar de perseverar en ese camino y reclamar los medios necesarios para seguir evolucionando, nuestros ciudadanos dan por buena una estructura económica y un esquema de valoras que bendice fichajes multimillonarios de tipos tan útiles para el mundo como Cristiano Ronaldo y malgastan horas de su escaso tiempo de ocio ante programas como Fama, Gran hermano, Donde estas Corazón y sus secuelas.

Como ejemplo de difuminación de la realidad combinado con mensajes ñoños no puedo dejar de traer al caso la publicidad de muchos productos y servicios. Y de entre todos, sin duda, los energéticos se llevan la palma. Ahora ya no nos dicen que contratemos con una compañía eléctrica o compremos determinada marca de carburante porque produce ciertos beneficios en nuestras casas o automóviles: precio, eficiencia, seguridad…no, ahora tenemos que contratar la luz con tal o cual porque así salvaremos al mundo del devastador cambio climático. Y a lo absurdo del argumento se suma la voz melosa del locutor, de chico bueno que nunca ha roto un plato, que no fuma ni bebe, es socio de todas las ongs y cultiva soja en su terraza.

Lo próximo que veremos será a Heidi corriendo por un verde valle cuajado de amapolas, llevando al hombro una minibombona de butano.

Y luego está la publicidad de los bancos que quieren ser nuestros amigos para prestarnos dinero con 4 o 5 puntos de diferencial sobre el euribor.

También con una voz bucólica e inofensiva te lanzan sus peticiones de amistad las compañías telefónicas que han pintado el mundo de color rojo, naranja o verdiazul.

Y por fin los de los organismos oficiales: gobierno de España, la suma de todos, hola everyone… Por el amor de Dios… ¿por que no se gastan ese presupuesto publicitario en pagar mejor a los maestros y profesores, en informatizar la justicia, en chalecos antibalas para la policía o en mas investigación y desarrollo?

Mientras nos enseñan lo buenos chicos que son nuestros soldados en el anuncio de «Tus fuerzas», como desayunan juntos, salvan gatitos, se van de excursión y hacen jogging por bosques encantados, millones de seres humanos con necesidades básicas están esperando su oportunidad. El hambre da mucho valor y la pobreza absoluta crea grandes luchadores. Le electrónica nos defenderá durante un tiempo pero el número y la fuerza de su razón acabarán aplastando nuestra ñoñeria.

Roma se sentía segura tras las murallas de su vasto imperio. Las masas ignorantes disfrutaban de los juegos en los estadios, los filósofos discutían en el foro, los políticos se acuchillaban para conseguir el poder y los ricos se entregaban a sus bacanales en las bellas villas de Brindisi o Pompeya.

¿Tendrán que venir los bárbaros otra vez, entrar en nuestras seguras casas vigiladas 24h, volcar nuestros confortables y ecológicos coches y arrastrarnos por un suelo de sangre y barro para que volvamos a tener conciencia de la realidad?

VIAJEROS AL TREN

Dicen que con la edad se adquieren manías o que se acentúan las que uno arrastra. Sin duda es cierto, pero créanme: lo que sigue nada tiene que ver con esa verdad irrefutable.
Viajar en avión se ha convertido en algo incómodo, desagradable en muchas ocasiones. Desde el día anterior al viaje hay que calcular cuanto tardaremos en llegar al aeropuerto y terminal que toque en función del trafico, que ya casi siempre es lento en cualquier gran ciudad. Así que saldremos con un poquito de margen, por si acaso.
Si al tiempo invertido en llegar al aeropuerto, digamos 1h, con el consabido margen, le añadimos los 90 min. que exigen las aerolíneas de media, nos encontraremos con que para llegar a Barcelona desde Madrid, invertiremos 2h y media fuera del avión y 50 min. en el aire. Ahora sumemos los 30 min. de retraso habituales, los 15 min. de caminatas por el aeropuerto a la llegada, los 15, como mínimo, de recoger una maleta y los 30 min. de taxi desde el Prat hasta un hotel del centro y la proporción se desequilibra aun mas: 4h fuera del avión y 50 min. de vuelo. Tan es así que, que el puente aéreo ha sufrido una drástica caída de viajeros desde que el ave conecta Madrid y Barcelona con puntualidad suiza. Era un éxito anunciado.
Pero sigamos metiéndonos en la piel del viajero frecuente.
Los aeropuertos más visitados son tan grandes que los tiempos de desplazamiento se asemejan a los del transporte urbano en cualquier capital europea. Se tarda mucho menos en ir desde la Plaza de Gregorio Marañón a Arapiles, dos barrios, dos distritos, que de la T4S a la T4.
En Gatwick o Schipol se puede perder perfectamente un avión si te cambian una puerta sin que te des cuenta a tiempo. No es extraño de hecho ver carreras de gente con los ojos desencajados, arrastrando una mochila con las ruedas echando chispas y empujando a todo el mundo mientras balbucean en un ingles con acento de cualquier sitio: «sorry, sorry». Me ha pasado y sufro cuando les veo.
Pero quizá lo mas odioso del viaje actual son las colas, las esperas y los empujones, especialmente en temporadas de vacaciones.
La cola para facturar, la cola para pasar el control de seguridad, la cola para el control de pasaportes, la cola para comprar un libro o una revista, la espera en la puerta de embarque, los empujones mientras colocas el equipaje, la cola para despegar cuando hay congestión de trafico aéreo, la espera para salir de tu asiento sin ser arrollado por una fila de búfalos enfurecidos que tienen una extrema urgencia por salir, para luego tener que esperar las maletas igual el primero que el ultimo, la cola de otro control de pasaportes, la espera de la recogida de maletas (45 min. de media en la T4S) y por fin la cola del taxi que te dejara en un hotel en el que te pondrás en una cola para hacer el check in. Esto puede parecer exagerado y caricaturesco pero es la realidad cotidiana de los que viajamos con frecuencia.
Pero quizá de todas estas colas/esperas, las mas exasperantes sean las de los controles de seguridad. Para empezar esta el laberinto de cintas que obliga a hacer 200 metros en zig zag en lugar de los 20 que te separan de tu destino. Cuando hay mucha gente esta justificado, pero cuando hay menos, allí sigue, desafiante, invitándote a hacer un slalom tan ridículo como innecesario.
Antes de entrar en las cintas, un amable ciudadano del mundo comprueba nuestra tarjeta de embarque con detenimiento. «Si, le autorizo a viajar», parece que te va decir.
Mientras nos acercamos lenta y parsimoniosamente, con pasos resignados que recuerdan al de los esclavos empujando los grandes bloques de piedra que conforman las pirámides, otros ciudadanos del mundo repiten una cansina letanía con las instrucciones que deben darnos: «monedas, teléfonos, cámaras, objetos metálicos, cinturones, líquidos, todo en la bandeja. Las computadoras fuera. Monedas, teléfonos…etc.». Y ya cerca de las maquinas de la verdad empieza el juego malabar de poner en una bandeja el ordenador, que tiene que ir solo, en otra la chaqueta, el cinturón, el teléfono Mobil, el reloj, la pluma, las llaves, en algunos aeropuertos los zapatos y esperar unos minutos con 2 o 3 bandejas bajo un brazo y el maletín en el otro, descalzo, mientras otros ciudadanos del mundo registran y toquetean a quien les parece con los modales que tengan a bien y otro, tras una concienzuda observación descubre, válgame Dios, que llevamos una espuma de afeitar de 125 ml y no de 100 ml, que es el limite. Tras asumir que discutir con este ciudadano del mundo es simplemente inútil, aceptas que requisen tu espuma y confías en llegar a un hotel donde este incluida en el kit de afeitado que o haya una tienda abierta para comprar la espuma que tu usas.
Una vez protegido el mundo de tu arma letal, te devuelven tus zapatos, tu ordenador y el resto de tus pertenencias y te dejan seguir intentando viajar. Lo mas frustrante de todo es que todos sabemos que, a pesar de que cientos de miles de ciudadanos honrados estamos obligados a sufrir esta pesadilla a diario, los traficantes de drogas y de armas siguen pasando la que quieren y el DIA que el terrorista profesional quiera armarla, la armara. Es un caso claro en el que el mal y el terror, han triunfado sobre el bien, paralizándolo y haciendo su vida mas difícil.
Otro ingrediente que hace molesta cualquier espera en muchos aeropuertos son los anuncios por megáfono. En eso hay que decir que AENA ha sido pionera en no anunciar los vuelos y exigir a los viajeros que sean responsables de su vuelo y las posibles contingencias. Hay multitud de pantallas y muchos puntos de información.
Pero en otros aeropuertos, en Africa y en China, las srtas. encargadas de la megáfono padecen una clara incontinencia verbal y simplemente no callan. Tu estas haciendo una conexión de un vuelo largo, quizá leyendo un documento de trabajo o un libro o el periódico y un incesante y sucesivo continuum de «ding dong…su atención por favor. La compañía Dragon Air les informa de que su vuelo KA6231 realizara su embarque en breves momentos. Se ruega a los sres pasajeros que se dirijan a la puerta C52. Gracias.» Esto en ingles y en chino. E inmediatamente otro y luego otro y otro. Desquiciante.
Y ya para rematar y conectando con el tema de la megáfono, no olvidemos la proverbial verborrea a bordo del avión:
Que nos abrochemos el cinturón, que el respaldo en posición vertical y la mesita plegada, que apaguemos los dispositivos electrónicos, que no se puede fumar… pero a ver, que ya lo sabemos todo. Que pongan un video o que hagan un examen para sacarse un billete, pero que no nos torturen con tal marea de palabras, a veces en castellano, ingles y catalán. Para cuando se quiera caer el avión todavía estarán enseñando las salidas de emergencia en euskera!
Pero lo mejor es cuando el comandante, amable y servicial, te despierta en mitad de ese leve sueno que se coge a veces con la cabeza apoyada en la ventanilla, el cuello torcido y los brazos Dios sabe donde y empieza a decir: «sres pasajeros, mi nombre es Capitán Volador y tengo el gusto de informarles de que en nuestro vuelo hacia Madrid pasaremos por las ciudades de Dresde, luego sobrevolaremos Poitiers, posteriormente pasaremos por Niza, justo por encima de la casa de Elena Salgado, para luego encarar el trayecto final hacia Madrid en el que sobrevolaremos las ciudades de Barcelona y Zaragoza»
Y bien? Que mas me da por donde vayamos a pasar? Yo no veo nada desde mi asiento y lo que quiero es llegar cuanto antes, sano y salvo.
Normalmente se dan datos muy valiosos como la temperatura en destino:
«En Barcelona el cielo esta despejado, hay viento del suroeste y la temperatura es de 16 grados centígrados»
Y que? Yo ya he hecho la maleta. Lo que llevo es lo que llevo y el tiempo será el que sea. Gracias por despertarme Capitán Volador pero por que no me deja un rato tranquilo?
Y entonces, como un castigo ante estos poco humanos sentimientos, una azafata coge el micrófono y empieza a decir:
«Sres pasajeros, a continuación les vamos a proporcionar información sobre las puertas de embarque de las distintas conexiones de este vuelo: IB352 con destino Vigo, puerta B38; IB 984 con destino Santiago de Chile, puerta B45; IB 6521 con destino Málaga, puerta J52….» Y así hasta 12 conexiones, en dos idiomas. Pero por favor, si están las pantallas en la terminal. Por que me torturáis de esta manera?
Y entonces aprendes a valorar el silencio como una virtud y como una necesidad esencial de cualquier ser humano que aspire a unos momentos de felicidad.
Ante tal cúmulo de inconvenientes, para viajar en avión sin perder los nervios solo puedo aconsejar una infinita dosis de paciencia.
Pero desde luego mi grito de guerra a partir de ahora, en lo que a desplazarme por el mundo se refiere, será sin duda:
Viajeros al tren!