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El Coronavirus y la demagogia amenazan la democracia en España.

El impacto que el Coronavirus está teniendo en España demuestra hasta qué punto los políticos que forman nuestro gobierno y los partidos que lo sustentan son unos incompetentes, unos irresponsables y unos miserables. Pero además son tan sectarios, están tan ávidos de poder y cegados por sus consignas, que han sido capaces de poner en peligro la salud de sus compatriotas mientras discutían sobre ideologías que han fracasado allí donde se han implantado, dejando tras de sí un rastro de miseria, terror y muerte.

El Gobierno no ha escatimado tiempo y dinero para ocuparse de los temas más peregrinos. Horas de reuniones, declaraciones, ejercicios de funambulismo para, por ejemplo, hacernos pensar que es normal dialogar al margen del parlamento con quien ha reiterado expresamente ante todas las instancias posibles, que quiere romper nuestro país o escuchar impávido de los condenados por sedición que lo volverán a hacer. “Volverán”. No, “volverían”.

Pero el problema no es cómo son ellos y qué hacen ellos. El problema es que millones de personas siguen aprobando su comportamiento. El problema es que haya tantas personas con principios y formas de ver la vida que les permitan seguir sosteniendo a estos personajes en el poder. Yo no imagino quién y por qué puede apoyar, aprobar, la gestión de Pablo Iglesias, Pedro Sánchez, Carmen Calvo, Irene Montero, Fernando Simón o Quim Torra.

Si esta crisis no sirve para hacer ver al pueblo español quién gestiona con eficacia y quien se llena la boca de consignas sin llevar soluciones a los ciudadanos, la democracia sucumbirá. La democracia habrá sido infectada, no sólo por el Coronavirus, sino por un virus más letal: la demagogia.

Según Aristóteles, “la demagogia es la degradación o corrupción de la democracia. Es una estrategia utilizada para alcanzar el poder político. Esta se lleva a cabo mediante apelaciones a prejuicios, emociones, miedos y esperanzas del público para ganar el apoyo popular, frecuentemente mediante el uso de la retórica y la propaganda. La demagogia es la forma más segura de concebir el poder político, ya que no descarta la corrupción de funcionarios, el manejo a documentos, el soborno, el chantaje, entre otras cosas que buscan que el demagogo sea  naturalmente el ganador de las elecciones”.

¿Acaso cabe alguna duda de que Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y sus socios nacionalistas, no utilizan constantemente  “apelaciones a prejuicios, emociones, miedos y esperanzas del público para ganar el apoyo popular”? ¿Alguien puede cuestionar seriamente que son unos demagogos de libro?

Hay que volver a la Grecia clásica y ver el golpe que dirige Platón al gobierno “de los muchos” que no alude a un aspecto procedimental determinado, sino a la concepción del mundo y del hombre que está en el fundamento de la democracia. Cuestiona la idea de que “los ciudadanos, llamados para decidir sobre cuestiones cruciales para la vida colectiva, tengan el suficiente discernimiento para apreciar la distinta consistencia de las palabras”. 

Y más recientemente escribe Norberto Bobbio: 

“La principal razón que nos permite defender a la democracia como la mejor forma de gobierno o la menos mala, se encuentra en el presupuesto de que el individuo como persona moral y racional, es el mejor juez sobre su propio interés”

Cada voto a favor de los demagogos que hoy gobiernan en la mayor parte del territorio español pone de manifiesto que los electores votan en función de sus “prejuicios, emociones, miedos y esperanzas” convenientemente manipulados y que desde luego no tienen “suficiente discernimiento para apreciar la distinta consistencia de las palabras” y por consiguiente “no son los mejores jueces sobre su propio interés”.

No cabe duda de que la izquierda ha colocado sus mantras en un nivel  de éxito pasmoso y ese éxito tiene un efecto directo en la orientación del voto. Esos mantras son las mentiras, las patrañas, que excitan sentimientos primarios, miedos y odios ancestrales de las que se vale el demagogo del que hablan Aristóteles y Platón. Y por eso hay que desmontarlos a cada oportunidad.

“Los empresario son explotadores”. “Monarquía equivale corrupción”.“España nos roba”.“El ejército es caro y no sirve para nada”

Sin empresarios no habría riqueza. No tendríamos comida en los supermercados ni ropa en las tiendas. No tendríamos mascarillas ni paracetamol. Cuando el Estado trata de sustituir a las empresas, fracasa, Siempre ha sido así, es así hoy en día y seguiría siendo así. Cuando en una sociedad se eliminan la propiedad, la competencia, la posibilidad de progresar y la libertad, los individuos que la forman languidecen progresivamente hasta que, incapaces de superar la abulia, la frustración, la miseria y la tristeza, huyen o mueren.

De entre las democracias más valoradas del mundo, la mayoría son monarquías. La forma de Estado no garantiza ni limita la calidad democrática de una sociedad. Turquía y Alemania son dos repúblicas. Marruecos y Suecia dos monarquías.  Y el presidente de una república puede ser además de un corrupto un perfecto imbécil, como corrupto e inepto puede ser un rey.

A los catalanes y al resto de lo españoles, por cierto, nos ha robado Pujol y ahora nos toman el pelo y nos siguen robando Puigdemont y compañía. España ha hecho de Cataluña y del País Vasco territorios privilegiados y tanto las leyes anteriores a la Constitución del 78 como el trabajo de los españoles de otras zonas de España, las han hecho ricas.

El ejército sirve para mantener la paz, la integridad territorial y la seguridad. Ellos están obligados, por su honor y por la ley, a dar su vida por todos nosotros. Por los energúmenos que aplauden el secuestro y el asesinato para defender sus ensoñaciones independentistas y por el que deja tetrapléjico a un policía y mata por ver unos tirantes con la bandera de España. Por esos también.

La demagogia infecta el sistema de representación hasta el punto de que la maquinaria del poder no puede renunciar a ella. Plantear medidas democráticas reales, despojar de los privilegios a los políticos, exigir transparencia en las decisiones, responsabilidades a los corruptos y castigo para los que mienten a los electores incumpliendo sistemáticamente el contrato que supone un programa electoral o el plan de alianzas para gobernar, sería demoledor para los profesionales de la cosa pública. Pocos sobrevivirían al nuevo esquema y por lo tanto actuarán en legítima defensa y no favorecerán ningún cambio que amenace su confortable modo de vida. 

Visto todo lo cual, a los que vienen predicando el evangelio de la revolución, hay que decirles que tienen razón.

La revolución hoy es más necesaria que nunca.

Tenemos que hacer la revolución de la sensatez antes de que nos hagan la revolución del terror.

La revolución que defiende el ejercicio del pensamiento crítico, contra la dictadura de lo políticamente correcto y el pensamiento Alicia, dos formas de aludir a esos paquetes de mensajes inspirados por lo que el demagogo cree que el rebaño quiere oir.

Tenemos que hacer la revolución contra la ignorancia. La revolución contra la manipulación. La revolución contra la estupidez.

Tenemos que hacer la revolución contra aquellos que están decididos a destruir nuestro estilo de vida arrebatándonos lo que hemos conseguido tras siglos de civilización.

Este gobierno, que será recordado siempre como el gobierno del coronavirus y la demagogia, no amenaza sólo la salud de los ciudadanos. Amenaza la estabilidad del régimen de libertades que consagra la Constitución del 78, amenaza la integridad territorial de España y amenaza la convivencia pacífica entre los españoles.

Y amenaza de forma particularmente peligrosa, el bien más preciado que hemos conseguido en el occidente civilizado y todavía hoy disfrutamos. Lo que más odian: la idea misma de libertad.

Josep Piqué: “La pugna mundial hoy es quién domina el 5G y China lleva ventaja”

Josep Piqué: “La pugna mundial hoy es quién domina el 5G y China lleva ventaja”
— Read on www.lavanguardia.com/internacional/20190303/46784747078/josep-pique-pugna-mundial-5g-china-entrevista.html

La España invertebrada, Jose Ortega y Gasset

Entonces veríamos que de 1580 hasta el día cuanto en España acontece es decadencia y desintegración. El proceso incorporativo va en crecimiento hasta Felipe II. El año vigésimo de su reinado puede considerarse como la divisoria de los destinos peninsulares. Hasta su cima, la historia de España es ascendente y acumulativa; desde ella hacia nosotros, la historia de España es decadente y dispersiva. El proceso de desintegración avanza en rigoroso orden de la periferia al centro. Primero se desprenden los Países Bajos y el Milanesado; luego, Nápoles. A principios del siglo XIX se separan las grandes provincias ultramarinas, y a fines de él, las colonias menores de América y Extremo Oriente. En 1900, el cuerpo español ha vuelto a su nativa desnudez peninsular. ¿Termina con esto la desintegración? Será casualidad, pero el desprendimiento de las últimas posesiones ultramarinas parece ser la señal para el comienzo de la dispersión, intrapeninsular. En 1900 se empieza a oír el rumor de regionalismos, nacionalismos, separatismos… Es el triste espectáculo de un larguísimo, multisecular otoño, laborado periódicamente por ráfagas adversas que arrancan del inválido ramaje enjambres de hojas caducas.

El proceso incorporativo consistía en una faena de totalización: grupos sociales que eran todos aparte quedaban integrados como partes de un todo. La desintegración es el suceso inverso: las partes del todo comienzan a vivir como todos aparte. A este fenómeno de la vida histórica llamo particularismo y si alguien me pregunta cuál es el carácter más profundo y más grave de la actualidad española, yo contestaría con esa palabra.

Pensando de esta suerte, claro es que me parece una frivolidad juzgar el catalanismo y el bizcaitarrismo como movimientos artificiosos nacidos del capricho privado de unos cuantos. Lejos de esto, son ambos no otra cosa que la manifestación más acusada del estado de descomposición en que ha caído nuestro pueblo; en ellos se prolonga el gesto de dispersión que hace tres siglos fue iniciado

VOX nos ha devuelto la voz

Creer que España es mejor y más fuerte unida que desmembrada, que el gasto en estructuras políticas que no aportan valor es excesivo, que la sanidad, la justicia y la seguridad deben ser iguales en derechos y obligaciones para todos los españoles, no es ser un centralista peligroso que no entiende los beneficios de reconocer y admirar la diversidad cultural y los beneficios de la descentralización administrativa.

Querer que los delincuentes que sigan suponiendo un peligro para la sociedad no salgan de la carcel, no es ser una persona sin empatía que no cree en la reinserción y que no muestra sensibilidad hacia las personas que han errado su camino y que no quiere darle oportunidades a quienes las merecen.

Querer que las mujeres sean tratadas igual que los hombres ante la ley no significa no reconocer que dada la desigualdad física y el machismo imperante en ciertas culturas o estratos de la sociedad no haya que protegerlas especialmente en todas las situaciones en las que sea necesario sin escatimar recursos. Pero eso no implica aceptar que el hombre sea culpable por defecto.

Qieeer que haya orden en las calles, que se respeten los símbolos y las instituciones del Estado como la bandera, el himno, el ejército, la justicia y SM el Rey, no significa ser un monarquico absolutista defensor de la Inquisición.

Admirar la historia de España e identificarse con muchas de sus hazañas bélicas y culturales, no es ser un nostálgico imperialista que añora tener a los indios esclavizados.

Querer que la educación y el idioma no sean una herramienta para generar odio entre los españoles no es ser un tirano que niegue las hechos culturales de cada territorio de España.

Querer que la inmigración se organice y se regule para que beneficie a España y a los inmigrantes, no es ser xenófobo, es ser realista y tener sentido común.

Me gustaría saber, de las ideas expresadas arriba, con cuales no están de acuerdo aquellos de mis amigos y conocidos que se resisten a aceptar a VOX sin prejuicios, simplemente como un partido de orden que se ha limitado a devolvernos la voz a los que estábamos marginados, ignorados y silenciados por un PP acomplejado, compitiendo con el PSOE por ver quién es más socialdemócrata y más progre.

Votar a VOX no implica ser machista, ni xenófobo, ni nacionalista español, ni ultracatolico.

Significa creer en ciertos valores y principios, decirlo, no ser pusilánime al defenderlos, asumir los riesgos de actuar en lugar de contemplar plácidamente cómo todos los valores de la civilización europea, grecorromana y judeocristiana en su origen filosófico y liberal en lo económico, son disueltos por el ácido del infantilismo, el pensamiento Alicia y los retazos de un marxismo-leninismo que se resiste a aceptar su derrota, que está escrita con tinta indeleble en cada una de las piedras del muro de Berlín. Tinta que es sangre de los asesinados que trataron sin éxito de salir del paraíso comunista.

Es luchar con determinación contra el virus que infecta a millones de walking dead de la política. Son los vivos que se alimentan de las victimas del comunismo. Caminan ansiosos sin más plan que devorar, contaminar, destruir. Solo sirven para eso. Y la humanidad que aspira a resistir para que el mundo vuelva a la normalidad debe recurrir a las fuerzas que están dispuestas a luchar con valor, sin medias tintas y hasta la extenuación, por la libertad.

ESPAÑA NOÑA


El número de ni-nis crece rápidamente. Se reproducen al calor de padres pusilánimes, asustados e inseguros. De colegios donde el merito y el esfuerzo han dejado de ser motivo de admiración y de progreso; de programas de TV que venden paquetes de músculos tatuados, tetas sin paraíso y actividad sexual de conejo.

Hay algunas razones que son causa directa de esta nueva generación de bo-bos como la ley de educación del PSOE (LOGSE) que luego los aguerridos gobiernos del PP no fueron capaces de cambiar en 8 años, paralizados por sus complejos seculares y probablemente por algunos intereses personales.

Pero hay otras razones mas profundas, mas de fondo, mas de inercia colectiva y una de ellas es, sin duda, la tendencia sociológica de la ñoñeria. El miedo a enfrentarse a la realidad menos amable, a camuflarla, a querer cambiar nuestra percepción de la misma a base de eufemismos, cuando no nos atrevemos a mirarla de frente, esta minando la resistencia de nuestra sociedad y debilitando nuestras voluntades. Así, a una crisis galopante le llamamos desaceleración económica; a un gamberro que no da ni golpe y amenaza a sus padres, adolescente en busca de identidad; a una fuerte subida de impuestos, moderado ajuste fiscal y al ejercito que va a una guerra como la de Afganistán, contingente en misión de paz. Asi no hay forma de arreglar nada, porque ni siquiera se reconoce colectivamente que haya nada que arreglar.

La clave del progreso de una sociedad o una civilización es el conocimiento y su capacidad de mejorar su entorno y el de sus habitantes. Pero en lugar de perseverar en ese camino y reclamar los medios necesarios para seguir evolucionando, nuestros ciudadanos dan por buena una estructura económica y un esquema de valoras que bendice fichajes multimillonarios de tipos tan útiles para el mundo como Cristiano Ronaldo y malgastan horas de su escaso tiempo de ocio ante programas como Fama, Gran hermano, Donde estas Corazón y sus secuelas.

Como ejemplo de difuminación de la realidad combinado con mensajes ñoños no puedo dejar de traer al caso la publicidad de muchos productos y servicios. Y de entre todos, sin duda, los energéticos se llevan la palma. Ahora ya no nos dicen que contratemos con una compañía eléctrica o compremos determinada marca de carburante porque produce ciertos beneficios en nuestras casas o automóviles: precio, eficiencia, seguridad…no, ahora tenemos que contratar la luz con tal o cual porque así salvaremos al mundo del devastador cambio climático. Y a lo absurdo del argumento se suma la voz melosa del locutor, de chico bueno que nunca ha roto un plato, que no fuma ni bebe, es socio de todas las ongs y cultiva soja en su terraza.

Lo próximo que veremos será a Heidi corriendo por un verde valle cuajado de amapolas, llevando al hombro una minibombona de butano.

Y luego está la publicidad de los bancos que quieren ser nuestros amigos para prestarnos dinero con 4 o 5 puntos de diferencial sobre el euribor.

También con una voz bucólica e inofensiva te lanzan sus peticiones de amistad las compañías telefónicas que han pintado el mundo de color rojo, naranja o verdiazul.

Y por fin los de los organismos oficiales: gobierno de España, la suma de todos, hola everyone… Por el amor de Dios… ¿por que no se gastan ese presupuesto publicitario en pagar mejor a los maestros y profesores, en informatizar la justicia, en chalecos antibalas para la policía o en mas investigación y desarrollo?

Mientras nos enseñan lo buenos chicos que son nuestros soldados en el anuncio de “Tus fuerzas”, como desayunan juntos, salvan gatitos, se van de excursión y hacen jogging por bosques encantados, millones de seres humanos con necesidades básicas están esperando su oportunidad. El hambre da mucho valor y la pobreza absoluta crea grandes luchadores. Le electrónica nos defenderá durante un tiempo pero el número y la fuerza de su razón acabarán aplastando nuestra ñoñeria.

Roma se sentía segura tras las murallas de su vasto imperio. Las masas ignorantes disfrutaban de los juegos en los estadios, los filósofos discutían en el foro, los políticos se acuchillaban para conseguir el poder y los ricos se entregaban a sus bacanales en las bellas villas de Brindisi o Pompeya.

¿Tendrán que venir los bárbaros otra vez, entrar en nuestras seguras casas vigiladas 24h, volcar nuestros confortables y ecológicos coches y arrastrarnos por un suelo de sangre y barro para que volvamos a tener conciencia de la realidad?